domingo, 8 de noviembre de 2015

Ellos

Baila con su propia música,
escribe, escribe, escribe y el sol abrumado gira en torno a su sonrisa. Baila con su propia música, te acaricia la espalda, te besa y te pone a todo volumen. Y a las estrellas, con una mirada, las silencia.
Y claro, esa es otra, sus silencios, joder, sus putos silencios. Terapia para vidas a oscuras, noches de poesía para pesadillas de realidad.  Musas que te sacan a la pista y te enseñan a mover hasta el último cimiento de tu vida al ritmo de un corazón descompuesto. Vientos que te despeinan lo vivido, que te instalan el caos en tus ojos y que te hacen devorar libros con la punta de los dedos.
Y luego está lo de sus manos, actrices de la obra más bonita de Madrid. Ballet cuando se mueven por tu cuerpo y poesía cuando se cuelan en tus sueños. Un día probó a cogerte la tuya y los planetas chocaron, los acantilados se inundaron en el mar de una caricia y el miedo de saltar al vacío se desvaneció a la rivera de sus lunares.
Pero siempre, siempre baila con su propia música, te quita todos los desastres, los fracasos y las inseguridaded hasta que te desnuda. Se mete en tu cama y te lame hasta la más fea de tus cicatrices, te cura y te regenera, aprieta al botón, te pone en sintonía y... todo estalla.
Y luego en vez de un piti se fuma tus ganas de llorar, y se te sube encima y te canta. Y es que no hay mejor musica que la de sus "te quiero" sacandote una sonrisa, sacandote los colores. No hay mejor refugio que el de sus brazos, que allí dentro, nada duele, nada quema.
No hay nada como las noches a su lado, como la risa por culpa del humo o como los besos en el ojo del huracán. No hay nada como sentir sus latidos bajo lo único que os separa, la piel, y saber que todo va a ir bien, que nos protege el chaleco anti-tiempo que son sus versos. Porque los relojes, pasaron de ser sus peores miedos a sus mejores tatuajes. Siempre que andaban (o se corrían) juntos.